Ayuntamientos 2.0
Monumento de La Plaza de España.
El monumento en un día de nieve.

Monumento de la Plaza de España

La Plaza de España se adosa a ese conjunto sur del templo y tiene en su centro un monumento singular que toma sus medidas y proporciones del pórtico sur de la iglesia y alberga en una balconada superior un conjunto de esculturas simbólicas de las estaciones del año, las horas del día y las edades de la persona humana, realizadas en 1.990 por el artista de la localidad D.MIGUEL ANGEL SAINZ JIMENEZ.

El origen estético de este monumento está, en su parte estructural de hormigón, en las formas clásicas griegas, mientras la estructura de hierro y cristal traduce un ideario cristiano gótico.

Como personajes fabulosos asoman en el monumento las esculturales, hilando entre todas ellas un relato cíclico: los ciclos del día (la aurora, la mañana, el mediodía, la tarde crepuscular y la noche), del año (primavera, verano, otoño e invierno) y los ciclos de la vida (la madre, adolescencia, juventud, madurez y ancianidad).

Cada escultura culmina a cada pilar, que a su vez son transcendidas por los elementos en hierro y vidiro de la parte alta; así, la aurora está sobre el pilar orientado con exactitud la Este, donde cada día asoma el sol, la primavera al sureste, el verano hacia el sureste, el otoño mira hacia el ocaso y el invierno hacia el noreste. El roseón o vidriera circular superior tiene un sentido solar, por su forma y por las líneas compositivas que contiene en su interior, ya que se señalan la dirección este-oeste del sol con vidrios rojos que van transformándose en azules a medida que se acercan a los polos norte y sur, específicamente trazado por una línea blanca que los une.

LA AURORA: tiene una base rocosa, tratado el material a punta de compresor, a fin de dar a entender el caos primigenio, lo que aún no está formado; sobre esta roca se apoya el gallo con una doble simbología: como fecundador del caos, de la noche, y como anunciador del resultado de esta fecundación, el día. La matrona, cuyo vestido inferior es la roca bruta, ya señalada, tiene un corpiño luminoso detrás del cual está el seno materno, y recibe con placer, adelantando el rostro y los senos, los primeros rayos del amanecer.

LA PRIMAVERA: También la mañana en el ciclo del día y la adolescencia en el ciclo de la vida humana. Es una niña mujer con carnero junto a sí, símbolo de la primera y que representa los primeros impulsos sexuales. Los puños cerrados como señal de arcaísmo y de la posesión de toda su ingenuidad; devía la mirada de la escultura contigua, el verano, pero el gesto de carnero delata la inevitable atracción.

EL VERANO: El mediodía, la juventud. Sale de un trigal el cuerpo apolíneo de un ser vigoroso y joven. Porta la cabeza de un toro, símbolo de la pasión consumada. Fruncido el ceño por el sol de mediodía, la tez morena y el porte relajado y sereno. Es la escultura que hace un referencia más intensa al legado griego.

EL OTOÑO: Con las uvas propias de esta estación y la libre junto a la cepa, uno de los símbolos otoñales de la huida. Aparece un hombre adulto, que por su contorsión y mirada chisposa parece estar embriagado, no sólo por el fruto de la vid, sino también por el día que abasa ya sus mejores horas, y el año, que va arruinando también sus días pletóricos. El torso - vidriera hace alusión al vértigo arrobado que produce en el hombre la consciencia de la caducidad.

EL INVIERNO: La ancianidad, la noche, cobra una entereza inusitada. En su brazo izquierdo se apoya la lechuza, símbolo de la noche de la sabiduría, y sostiene con la mano de este brazo el libro compendio de conocimientos, sobre el que reposa la mirada de este personaje cabal; mas de su hombro derecho cae el manto de nieve y de luz al que su mano diestra se agarra, presumiendo quizás el reinicio del ciclo; de las tinieblas a la luz.

Nos queda, casi olvidada, la escultura fuente que se sitúa precisamente en el eje mismo de todo el monumento. Es una mujer que se apoya sobre las manos, formando éstas la hoquedad que da salida al agua desde la profundidad de la tierra, del centro mismo de la plaza y simbólicamente de la esfera terrestre. El cuerpo de la mujer está formado por las formas helicoidales de la propia escalera de caracol que la rodea y abraza, cumpliendo la escultura las mimas funciones de ascenso y descenso, pues une a la humanidad que representan las esculturas superiores con la base del momunento, con la fuente o fundamento vital. Es la hembra que recibe el agua salpicada del brote profundo. La escultura, pues, no ha de invitar a ascender a la plataforma donde se manifiestan mediante las esculturas los ciclos inevitables y grandiosos del día, el año y la vida humana, con un tesón y fiedelidad sacrales.

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